16° Domingo después de Pentecostés

 

 

La Fe en Fe-menino

 

Oración del día (Litúrgica): Padre Bueno, tú conoces nuestros problemas y nuestras debilidades mejor que nosotros mismos. En tu amor y por tu poder ayúdanos en nuestras luchas y, a pesar de nuestra debilidad, haznos firmes en la fe; por tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

 

+ Lecturas del culto: Isaías 35, 4-7; Salmo 146; Santiago 2, 1-17.

 

+ Evangelio de Marcos: 7, 24-37.

En aquel tiempo, Jesús se puso en camino y se dirigió a la región de Tiro. Entró en una casa con intención de pasar inadvertido pero no logró ocultarse. Una mujer que tenía a su hija poseída por un espíritu inmundo se enteró de su llegada, acudió y se postró a sus pies. La mujer era pagana, natural de la Fenicia siria. Le pedía que expulsase de su hija al demonio.
Jesús le respondió:
—Deja que primero se sacien los hijos. No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos.
Ella replicó:
—Señor, también los perritos, debajo de la mesa, comen de las migas que dejan caer los niños.
Le dijo:
—Por eso que has dicho, puedes irte, que el demonio ha salido de tu hija.
Se volvió a su casa y encontró a la hija acostada en la cama; el demonio había salido.

Después salió de la región de Tiro, pasó por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando los montes de Decápolis. Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que pusiera las manos sobre él. Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva; levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo:
Effatá, que significa ábrete. Al momento se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente. Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban.
Estaban llenos de admiración y comentaban:
—Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

 

 

 

+ Reflexión: 

Muy intencionalmente Marcos hace que el Jesús de su evangelio transite por territorios periféricos. A diferencia de los demás sinópticos y de Juan el Jesús de Marcos parece preferir las zonas de frontera, en esta ocasión se dirige a la región siria de Tiro, una región pagana, habitada por personas rechazadas por el judaísmo oficial, gente extraña, gente extranjera, gente impura.

Aquí Jesús quiere pasar desapercibido – Él no es un curandero ambulante ni un predicador de plazas – sin embargo una mujer pagana se acerca a suplicarle por su hija que está enferma. No se trata de una judía creyente, no pertenece a la religión oficial, aún así se atreve a rogar a Jesús por su hija; entonces se desarrolla un diálogo impresionante: Jesús parece no estar interesado en ayudarla argumentando que la «prioridad» la tienen los hijos de Israel, además la llama «perro«; pero la mujer le rebate indicando que aunque no pertenece al Pueblo Elegido, ella y los demás «perros» se sacian de lo que sobra de la mesa los hijos de Israel.

En el tiempo de Jesús judíos y gentiles se despreciaban entre sí utilizando estos apodos: los judíos llamaban «perros» a los gentiles, y los gentiles llamaban «cerdos» a los judíos, ambos animales tenían cierta carga de tabú en sus respectivas culturas. Posiblemente la comunidad de Marcos haya sido una comunidad con una interesante mezcla de creyentes venidos del mundo gentil y algunos venidos del judaísmo, como resultado inevitable pudo haber un choque de culturas, tabúes y creencias que no pocas veces les haya hecho discutir. La pregunta que plantea Marcos es ¿Cómo convivir juntos? La respuesta la pone Jesús: Si bien el Reino tenía un destinatario en los hijos de Israel, este mismo Reino no puede quedar circunscrito a un solo pueblo sino que debe abrirse a todos; lo que los hijos no han sabido apreciar y dejan caer de la mesa, ese mismo don lo reciben en beneficio los gentiles que, como esta mujer sirofenicia, ansían liberación para sus vidas y las de sus seres queridos.

Marcos ha incluido hábilmente este relato en su Buena Noticia para indicar a su comunidad mixta que no por ser hijos de Israel algunos están salvados en automático sino que es gracias a la fe que incluso los gentiles son salvados y liberados. La mujer sirofenicia da un testimonio de su fe al insistir a Jesús por la sanación de su Hija, algo que Él mismo era incapaz de negarle, y por esta insistencia confiada encontró lo que buscaba.

Más allá de estos detalles, hay más aspectos que debemos resaltar en el relato de Marcos: quien se atreve a hablar a un judío y regatear con Él la sanación de una niña enferma no es otro judío – como en el caso de Jairo (Mc 5, 22-23) – sino nada menos que una mujer, ¡Imposible tener más osadía! Y no solo una mujer sino además una mujer extranjera, pagana y sola (de estar casada quizá habría acudido su marido), se trata de una mujer valiente. Podemos preguntarnos ¿Cuántas personas vienen a nuestras iglesias o comunidades y, sin ser parte de lo «oficial«, nos ruegan aunque sea las migajas de la Buena Noticia?

¿Son nuestras iglesias una mesa acogedora donde están invitados incluso quienes vienen de esas zonas de frontera, quienes no pertenecen al establishment, quienes no cumplen los requisitos de «pureza cultual«? ¿Dejamos abierta la puerta y un sitio en la mesa para los migrantes, los pobres, los rechazados? ¿Qué papel juegan las mujeres en nuestra comunidad eclesial? ¿Les damos las sobras luego de mucho rogarnos o somos dadivosos con quienes nos tienden la mano en busca de Buena Noticia?

La comunidad de Marcos posiblemente se planteó estas y otras preguntas. La respuesta del Jesús de Marcos es sencilla: El Reino es para todos, sin excepción. Jesús no preguntó a la sirofenicia si creía o no, ni la obligó a convertirse, ni a adquirir una membresía eclesial o diezmar para recibir los beneficios de su Gracia, todo ello fue gratis, en virtud de su fe.

Como colofón, Jesús regresa a su tierra. Le llevaron un sordo-mudo y le rogaron que le sanase. Jesús realiza gestos y exclama: ¡Ábrete!, y el sordo-mudo recupera el oído y el habla. Este colofón es genial en Marcos: Nosotros que hemos escuchado el relato anterior y lo que hizo Jesús, y que cada domingo escuchamos y aprendemos más de Él y sobre el Reino, debemos abrir los oídos para estar atentos a su Palabra, y los labios para anunciar el Reino y denunciar lo que lo entorpece. No debemos seguir mudos y sordos guardándonos los tesoros del Reino celosamente entre unos cuantos miembros «fieles» de la iglesia, sino abrir labios y oídos, abrir puertas, y dar el sitio de honor a quienes buscan la Buena Noticia.

 

+ Para pensar durante la semana:

  • «Hasta lo perros comen las migajas…» (Mc 7,28) ¿Me contento con dar a Dios y al prójimo las sobras: lo que sobra de mi tiempo, mi esfuerzo, mi ayuda…?
  • «Lo llevó aparte de la multitud para estar a solas con él…» (Mc 7,33) ¿Hace cuánto que hablé a solas con alguien para escuchar de sus problemas, consolarle, animarle, fortalecerle, orar por él o ella? ¿Dedico tiempo para estar también a solas con Jesús y llevar ante Él a quienes sé que necesitan de su presencia?
  • «Esforzaos, no temáis…» (Is 35, 4) Es Jesús quien da la Gracia, pero no obtendré de Él nada si me quedo de manos cruzadas. La mujer sirofenicia insistió y obtuvo lo que pedía, ¿Y yo? ¿Insisto, persevero, me esfuerzo en mi vida espiritual o prefiero la comodidad de esperar que las cosas pasen porque sí?

 

¡Bendecida semana!

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.